Montecatini

La riqueza de los edificios Art Nouveau de Montecatini Terme se remonta al período de desarrollo más activo de la ciudad a principios del siglo XX. Como la mayoría de las otras ciudades turísticas, Montecatini atrae al viajero de ocio, a los congresistas y a los ancianos en una excursión en grupo; está adornada con una medida de neón y glamour; además de tomar las aguas y observar a la gente en la Piazza del Popolo, no hay mucho que hacer aquí, pero es una buena base desde donde explorar la región.

Excursiones guiadas desde Montecatini

Las Termas de Montecatini

Conocidos por sus poderes curativos -y, al menos una vez, por su gran popularidad entre los ricos-, los manantiales minerales fluyen de cinco fuentes y son tomados para una variedad de dolencias, incluyendo trastornos hepáticos y cutáneos. Los que "toman la cura" se presentan cada mañana en uno de los establecimientos termales de la ciudad para beber la taza de agua prescrita. Después, los huéspedes pueden disfrutar de un desayuno relajado, leer el periódico, reclinarse y escuchar música, o caminar por los parques que rodean a estos magníficos y antiguos balnearios.

Guía de las Termas de Montecatini

Las virtudes curativas de sus aguas fueron reconocidas y apreciadas ya en el siglo XIV y en 1417 el doctor Ugolino Simoni, fundador de la hidrología italiana, ilustró en un tratado sus propiedades terapéuticas. Los establecimientos termales son imprescindibles durante la visita a Montecatini.

Que ver en Montecatini

Además de experimentar las propiedades benéficas de los baños de agua y barro, la arquitectura de los edificios ofrece un importante y sugerente ejemplo del estilo Liberty que caracteriza a la ciudad. No hay que perderse, por ejemplo, las Termas Leopoldinas, construidas durante la segunda mitad del siglo XVIII, transformadas y ampliadas en 1926 por el arquitecto florentino Ugo Giovannozzi, también conocido para la reconstrucción de otros establecimientos de la ciudad.

Junto al Leopoldine se encuentra otro moderno establecimiento, "Grocco", equipado con piscinas termales. Siguiendo el itinerario de la Libertad se encuentran los "Tamerici" rodeados de un gran parque con interiores decorados por Galileo Chini; las "Terme Torretta" del siglo XIX, enriquecidas en 1904 por un sugestivo pórtico de estilo neorrenacentista, y el Excelsior. Construido a principios del siglo XX, este último fue ampliado y reconstruido a finales de los años 60 y hoy acoge el nuevo "Centro Benessere" (centro de salud) donde junto a las curas tradicionales (idropínica, baño de barro, balneoterapia, idromassaggi) se pueden disfrutar de los servicios que ofrece el centro de belleza.

Entre todas las estructuras termales, sin embargo, destaca el "Tettuccio", que representa un auténtico símbolo de Montecatini, construido en la época del Gran Ducado y reconstruido en 1925 por el arquitecto Giovanozzi, que quería crear una ciudad termal inmersa en el verde. Junto a las espléndidas decoraciones de Liberty, en el interior de Tettuccio, no hay que perderse el contemporáneo "Salone Portoghesi". Creadas por el mismo Giovannozzi, las "Terme Regina" se encuentran en el parque que rodea el establecimiento y la Academia de arte Dino Scalabrino está situada en las afueras, acogiendo obras de arte de Dalí, Miró, Annigoni, Guttuso, Viani y muchos otros.

Un paseo por Viale Verdi y por las calles adyacentes revela otras perlas del estilo Liberty en la ciudad: el pórtico de Caffé Gambrinus, el Cine Excelsior, el Complejo Kursaal y el Teatro Politeama.

Dónde dormir

Los alojamientos son excelentes: 250 hoteles, con un total de 15.000 camas, salones de baile, restaurantes, elegantes jardines y hermosos parques (500.000 m2).

Qué más hacer en Montecatini

Termas, bienestar, arte y arquitectura no son las únicas características de la ciudad. Montecatini es también ideal para la organización de reuniones y conferencias, equipado con modernos y eficientes centros como el Palazzo dei Congressi, el Vittoria y el área multifuncional del Imperiale.

Numerosas estructuras dedicadas al tiempo libre, como el moderno Teatro Verdi y los numerosos espacios dedicados al deporte (pistas de tenis, piscinas y palacio de deportes). Una parada obligada es el hipódromo de Sesana y, en los márgenes de la ciudad, un partido en el campo de golf. Por último, pero no por ello menos importante, no hay que perderse un paseo romántico en dirección al antiguo centro de Montecatini Alto pasando por la vía férrea de finales del siglo XIX.

Te puede interesar

Deja un comentario